lunes, 18 de mayo de 2009

Fecha 5: 03/05/2009

Las negociaciones solo quedaron en el campo de las ideas, porque estaba batalla iba a dirimirse en otros aspectos. Cuando Shun llegó con las novedades de que ellos nos estaban esperando y apuntarían contra nosotros su artillería no hubo más posibilidad para el diálogo. Sabía que Hinokagisume, Makasuki y Iashiro habían estado horas debatiendo sobre el mejor curso de acción y toda posible contingencia. Como yo no servía para eso decidí esperar la reunión del día siguiente en donde supuse me asignarían una posición. No sabía nada de Taiga y Ryuichi, quizás el comandante les hubiera asignado alguna misión.
Ya había oscurecido cuando Shun entró a mi tienda y me contó las novedades, lo escuché pero eso era algo que a mí poco me importaba. Fue bastante escueto en sus palabras, era evidente que no había ido allí para contarme sobre estrategia militar. Creo que ya a ninguno de los dos nos importaba lo que pudiera o no sospechar nadie y nuestros cuerpos volvieron a amarse dentro de una tienda de campaña, a pocas horas de la batalla.
-Tenemos una misión que cumplir- me dijo.
Yo me temía que había algo más y que nuevamente iban a enviarnos a realizar una misión suicida, suspiré.
-¿Qué tenemos que hacer?
-Vamos a introducirnos en el campamento enemigo, iremos disfrazados de soldados Cheng y neutralizaremos la artillería.
No me equivocaba, íbamos a utilizar una vez más la estrategia que había sido tan útil en la batalla de la Posta de las Tres Fortalezas. Sabía que era muy peligroso, pero si estaba con él eso no era relevante, al menos podía ser útil en algo.
-¿Quiénes iremos?
-El tensai, tú y yo. Nos vamos a infiltrar como soldados Cheng. Supongo que si sobreviste estos dos años es porque sabés mentir.
-Tuve que aprender ¿Lo sabe el comandante?
-Sí.
-¿Y Shirahime?
-No- dijo terminante y me hizo un gesto que significaba que ella estaba totalmente loca.
-Igualmente no sería fácil disfrazarla de soldado Cheng… ¿Cuándo partimos?
-Lo antes posible.
Y realmente todo fue muy rápido, fuimos a buscar a Sousuke que no parecía dispuesto a abandonar a su maestra, acompañante, o lo que fuera.
-¿Y Shirahime-sama?
-No, ella no va a venir, solo iremos nosotros, y no digas una palabra- le dijo Shun.
Llevamos a Sousuke muy en contra de su voluntad, pero sabía que él haría todo lo posible para que la misión fuera un éxito, y la realidad era que lo necesitábamos. Cabalgamos hasta el campamento enemigo, con nosotros venían seis soldados Cheng de los que habíamos reclutado en el camino y un anciano shugenja unicornio. Cuando llegamos al campamento unos soldados nos interrumpieron la marcha.
-Alto ¿quiénes son ustedes?
-Logramos escaparnos de esos malditos Rokuganis, tenemos información valiosa sobre su campamento- mintió Shun.
-¿Quién es usted? ¿Cómo es su nombre?
Shun les dijo un nombre que no recuerdo pero se lo veía bastante nervioso.
-¿De dónde viene?
Él nombró una ciudad del mapa de Cheng, si seguían preguntando cosas iban a descubrirnos y sería el fin de todo, pero no fue así. Lo primero que querían saber era quién de nosotros iría a hablar con el comandante. El shugenja unicornio se ofreció a informarles, mientras tanto nosotros fuimos conducidos por los guardias. Shun les hablaba para distraerlos mientras Sousuke y yo buscábamos el momento propicio para separarnos.
-¡Eh! ¡Alto!- escuchamos que nos gritaron cuando nos fugábamos de su vista.
-Déjenlos, ellos se aman- dijo Shun.
Tanto Sousuke como yo estábamos vestidos de hombres y el guardia hizo un gesto de asco.
-Yo no te amo- me dijo Sousuke cuando estuvimos fuera de su alcance.
-No te preocupes, yo tampoco- le aseguré.
Buscamos por todo el campamento algo que se pareciera a esos cañones que nombraban tanto y los encontramos en una de las tiendas. Había ánforas selladas que dentro tenían carbones encendidos. Cerca de ellas encontramos unos enormes cilindros de metal.
-¿Serán estos?- le dije a Sousuke.
-Supongo que sí…
-¿Y cómo los vamos a destruir?
Esa era una buena pregunta, ninguno de los dos tenía ni idea de cómo hacerlo.
-Podríamos intentar transportarlos...- pero eran demasiado pesados, un caballo no los soportaría y no podíamos arriesgarnos a una maniobra así, había que destruirlos.
En ese momento Sousuke sintió el frío de un acero rozando su cuello y el terror se apoderó de su ser. Yo miré por sobre sus hombros y suspiré aliviada, era Shun.
-Deberías ser más cuidadoso- le dijo Shun sonriendo.
-¡Estúpido!- le dijo él, el odio que asomó a su mirada era evidente.
Teníamos que actuar rápido y ya sabíamos donde se encontraban las armas que iban a usar contra nosotros en la batalla. Había algunos guardias y Shun me dijo que los distrajera. Supuse que se iba a encargar de los demás mientras tanto. Me acerqué a uno de los guardias y le dije que había soldados que no conocía rondando por el depósito de armas. Él se sorprendió, pero no llegó a responder, Shun le había cortado el cuello. Antes de que dieran la voz de alarma subimos a nuestros caballos y Shun le pidió a Sousuke que arrojara un rayo de fuego a la tienda donde habíamos estado.
La explosión fue terrible, y un viento convocado por mí ayudó a avivar el fuego, eso los iba a tener entretenidos durante un buen rato. Cabalgamos hacia la salida, allí nos esperaba el shugenja unicornio. Shun disparaba flechas una y otra vez mientras Sousuke y yo usábamos nuestros hechizos para detenerles el avance. Logramos escapar, por muy poco.
Cuando llegamos al campamento Shun informó en la reunión que la misión había sido un éxito, aún no se terminaban de definir ciertos detalles pero yo sabía que ellos tenía que saber algo más.
-Debería informarle que saben ellos de nosotros.
-¿Qué?- se sorprendió Iashiro.
-El shugenja unicornio habló con su líder- les dije.
-¿Qué saben de nosotros?- le preguntó Iashiro a Shun.
-Tuvimos que darles cierta información para poder realizar la misión…- Shun me miraba fijamente, pero yo no iba a dejar que por nuestra misión murieran inocentes- Saben con cuantas tropas contamos.
-¿Y la novedad?- dijo Hinokagisume.
Igualmente al comandante no pareció importarle eso, estaba más preocupado por la batalla que tendríamos al día siguiente. El avance sería por la mañana, momento del día en el que ellos tendrían el sol de frente. Asai había sugerido que las tropas descansaran bien esa noche.
El comandante dibujó sobre el mapa la posición de las tropas, iban a formarse en posición de medialuna y así avanzarían. Los arqueros a ambos lados, yo iría del lado derecho, junto a Shun, al que habían asignado como mi protector. Makasuki iría al frente de una de las unidades de infantería, al igual que Hinokagisume. La caballería iba a intentar rodearlos. Unos trescientos hombres fueron enviados por el comandante varias horas antes para que pudieran llegar a la batalla por detrás. Estaban al mando de Kazak Moto.
El sol salió y la arenga a las tropas por parte de Hinokagisume, ya un héroe entre los soldados, no se hizo esperar; luego el comandante dijo las últimas palabras dando ánimo a sus hombres, pero se notaba que eso no era lo suyo. Todos tomamos nuestras posiciones y comenzamos el avance hacia el ejército enemigo de Chengs que se habían aliado para detenernos. No era lo que Iashiro esperaba, no era momento de combatir todavía, estábamos aún a mucha distancia de nuestro objetivo real y no quería perder tropas. Pero su deseo no se vio concedido.
Nuestro avance fue demasiado rápido y las primeras filas de Hinokagisume fueron arrasadas al igual que el contingente a las órdenes de Akemi. Los shugenjas estábamos demasiado lejos del rango como para poder hacer algo, en la refriega quedamos atrás con los arqueros. La lluvia de flechas inundó el campo de muertos. Pero nuestra victoria llegaría con la caballería que se abrió paso por detrás. Iashiro y Tachibana comandaban las líneas, y cuando llegaron los refuerzos al mando de Kazak, el campamento Cheng era una total confusión. Solo quedaban cuatro cañones de los diez que había inicialmente pero ninguno de ellos disparó contra nosotros, nuestra misión había sido un éxito.
Ganamos esa batalla, pero muchas vidas de valientes guerreros se perdieron, el comandante decía que la culpa era de él, pero no había culpables, solo muertos.
El comandante llamó al líder, su nombre era Suang Zhe. Él junto a dos mil novecientos Cheng se encontraban en nuestro campamento, prisioneros y vigilados de cerca por nuestros hombres. Iashiro le dijo que nosotros no estábamos allí para invadir Cheng, que él podía o no unirse a nuestro ejército. El prisionero le dio información sobre los señores de la muerte con los que no parecía estar de acuerdo, dijo que combatiría con nosotros y nos sería fiel, siempre y cuando no atacáramos a los Huang Ma Pen. El comandante no podía darse el lujo de dejar soldados atrás cuando los necesitaba adelante, pero la sombra de una traición entre sus filas iba a seguirlo también. No había forma de saber si podíamos confiar en ellos o no.
La batalla concluyó dejando solamente varias bajas para ambos ejércitos, Iashiro estaba muy mal, se habían perdido valiosas vidas en esa batalla, casi todos unicornio. Akemi era la que estaba más herida, todo su escuadrón había sido diezmado. Ella misma se encargó de levantar los cuerpos ensuciando sus manos, quise ayudarla pero no me dejó. “A este lo conocía desde que era chico” “Con éste estuvimos combatiendo codo a codo” decía mientras lo hacía. No parecía querer ayuda de nadie aún así le dije “Piensa que al menos el hombre que amas está con vida”. Yukimura me dijo que era mejor dejarla sola y así lo hice, esa batalla inútil se había llevado muchas vidas, pero muchas de las que quedaban en este mundo iban a llorarlas.
Hinokagisume dio el discurso felicitando a las tropas, pero Iashiro y él sabían muy bien que esa no había sido una victoria. Makasuki realizó una danza en honor a los caídos y todos lo observaron, ya era un héroe, su espada se había lucido en el campo de batalla, pero ahora él se lucía en un arte que manejaba tan bien como el acero.
Odiaba no haber podido hacer nada, ayudé a Shirahime a atender a los heridos y confeccioné adornos con flores para los caídos en combate, las piras llevaban hasta el cielo las almas de los que hacía pocas horas habían sido nuestros compañeros. Akemi no lloró frente a los soldados y ella misma los arrojó a las flamas, pero sabía que cuando estuviera sola sus ojos no dejarían de derramar lágrimas.

*****

Luego de los funerales fui a descansar a mi tienda, y comencé a preguntarme muchas cosas, pero la principal y la que no me dejaba conciliar el sueño era una sola: ¿Por qué el seguía en este lugar? ¿Por qué hacía todo esto? Decidí que iba a hablar con él, era la única forma de quedarme tranquila.
Él estaba impartiendo órdenes a los nuevos reclutas Cheng que nos habían acompañado en la última misión al campamento. Esperé hasta que estuvo solo y me acerqué, no sabía si eso iba a hacerlo enfadar, no me gustaba molestarlo, pero me arriesgué.
-Que pasa- me dijo fríamente mientras continuaba mirando al frente.
-Quiero hacerte algunas preguntas, sino te molesta…
-¿Tiene que ser ahora?
No entendía que le pasaba, quizás ya se imaginaba de lo que quería hablarle. Pensé que quizás ese no era el momento propicio así que solo le pregunté:
-¿Dónde nos podemos ver?
-Tampoco estoy tan ocupado- escuché su risa detrás de la máscara y sonreí, a él le gustaba mucho jugar ese tipo de bromas.
-¿Son los mismos soldados que nos acompañaron?
-Así es, estaba batalla se ganó gracias a nosotros aunque no quiera reconocerlo.
-Y gracias a la estrategia del comandante, además quedaban cuatro cañones todavía.
-Sí, él es muy competente, pero nosotros destruimos sus cañones. Podrían haberlos disparado contra la infantería y no lo hicieron, eso significa que estaban inutilizados.
No lo había pensado, igualmente ya no importaba eso ahora.
-¿Qué puedo hacer por vos princesa?
Hacía dos años que no lo escuchaba llamarme así y ese solo hecho me produjo una alegría que hacía mucho tiempo no sentía. Alrededor no parecía haber nadie escuchando, igualmente sabía que él no hablaría de no poder hacerlo.
-¿Por qué hacés esto? ¿Por qué estás acá?
Sus ojos me miraron fijamente a través de la máscara de oni, él se acercó y yo retrocedí, no me gustaba verlo con ella.
-No sabía que eras tan ciega ¿acaso no es obvio?
-¿Qué es lo que no puedo ver?- le pregunté, sabía qué iba a responder pero quería que me lo dijera él mismo, no quería conjeturas, quería la verdad de sus labios.
-¿Querés saberlo? Sí, lo hago por ti, pero también por mí, para redimirme, para demostrarle a mi padre que soy alguien que puede valerse por sí mismo, y que no soy el segundo como siempre me trató. Le voy a demostrar que puedo ser un héroe en esta guerra.
-¿Y por eso vas a morir?- no podía dejar de pensar que en la misión anterior había terminado muy malherido. Si había algo que no quería era que él se arriesgara por mi culpa.
-No voy a morir, además esto es mejor que seguir la vida miserable que empecé hace dos años…
No habíamos hablado de ese día, no era algo que quisiera recordar. Todo lo que había pasado y lo que él había vivido después era por mi causa.
-¿Qué te pasó?- tenía miedo de la respuesta pero igualmente formulé la pregunta sin vacilar.
-Hace dos años perdí mi alma.
-Para mí no perdiste tu alma.
-Pero vos sos mi chica. Después de lo que pasó me encerraron en casa. Un sirviente escapó y testificó en mi contra.
Jamás había sabido de eso, me quedé callada un momento y luego le pregunté:
-¿Quién fue?
-Ahora él ya está muerto, al igual que el investigador. Mi padre me obligó a recluirme, supo que era un asesino y no quería ensuciar el nombre de la familia. El hijo del Daymio un asesino… no podía permitir que algo así saliera a la luz.
-Mi vida no fue mucho mejor.
-Al menos a vos no te obligaron a permanecer encerrada. Voy a ser un héroe en esta guerra, y mi padre tendrá que reconocerlo.
-Tratá de no morir.
-Te dije que no voy a morir princesa.
-Yo no soy ninguna princesa.
-Sí que los sos, sos mi princesa.
Su mirada de deseo penetró mis defensas, era esa misma mirada la que hizo que me rindiera a sus pies, en ese momento cambió el tono de su voz y me dijo:
-Muy bien señorita Asahina ¿la puedo ayudar en algo más?
Un guardia se acercaba, sabía que la conversación había terminado. Noté que todo el tiempo había estado midiendo las distancias de todos ellos.
-No, muchas gracias- le dije y le hice una reverencia. Di media vuelta y me marché, reprimiendo mi deseo de abrazarlo y besarlo por lo que me había dicho, pero ya habría tiempo para eso, porque yo tampoco tenía pensado morir.

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